Un cuento...

Hace dos años, trabajando en mi curso de Clínica Psicopedagógica, se me ocurrió escribir un cuento breve sobre una de mis experiencias docentes.
El cuento se llama:


UNA PEQUEÑA HISTORIA
            por Marta B. Menéndez



            Al leer el texto “El final de Tratamiento” de Norma Filidoro, no pude evitar resaltar un párrafo en color (por supuesto en lila…, para mantener la estética de mis archivos), y vino a mi mente la historia de una muchachita de 6 años que iniciaba la escuela primaria, y se me ocurrió escribir esto, algo así como un cuento, como una viñeta clínica, como lo que es: una pequeña historia de vida.
***
            En 1994 por movimiento anual docente, -de pura casualidad más que por puntaje-, pasé a tomar la Dirección de la Escuela cabecera del Distrito. No voy a nombrar a ninguno de los dos, ni la escuela ni el distrito, para mantener el anonimato correspondiente… pero casi todas saben de dónde provengo y  cuál es el número de las escuelas cabecera.
            A los días de haber iniciado el ciclo escolar, una de las maestras, llega bastante antes de su horario y me pide una entrevista como madre de una aspirante a primer año, el “primerito”, como decimos los docentes. Angustiada me pide una vacante para su hija menor: María Florencia (la llamaremos así en esta historia). Mi respuesta fue:
-          ¡Estamos superados de matrícula! ¿por qué no me dijiste antes?
a lo cual MS contestó:
-          Flor nació con “síndrome de Down”…
-         ¡Estamos superados de matrícula! ¿por qué no me dijiste antes?-, repetí nuevamente.
      Esa era la realidad de la escuela: la más requerida por las familias del partido, viajaban con sus niños desde localidades de más de 20 km. de distancia… Una locura para mi forma de pensar. Pero los padres son así, y hay que respetar sus elecciones.
      Esa era la realidad de Flor: la de una niña sin vacante para el inicio de la escuela primaria.
-         Bueno MS tranquila…, es la hija de una docente, tenemos que darle un lugar… a ver… Sí, en 1ero. “C”, turno tarde, con la Srta. Laura… ya sabes, de las ¡mejores maestras de primerito! Ya le pido a la Secretaria que la inscriba, ¿trajiste la documentación?, vamos.

      Ese mismo día, hablé con Laura. Debo reconocer que puso carita de susto. Le di una palmadita en el hombro y le dije: -tranquila,  te vamos a ayudar.
-          Pero…
-          Pero ¿qué?
-         Yo no soy maestra especial, es más, en el profesorado no tuvimos ninguna materia que … no nos prepararon… ¡no sé nada de discapacidad!
-          Mejor así.
Y marché lentamente a mi despacho.
            Esa noche busqué en mi biblioteca. No era suficiente. Al día siguiente, camino a la escuela, crucé la plaza y fui directo a la librería. Lo encontré enseguida: “¿Enseñar o aprender?[1]de  Tonucci. Di una hojeada al pequeño librito rojo: Rol del docente, Evaluación del alumno, Proceso de enseñanza, Organización escolar…
            - Ya está, lo llevo.
            Una visión diferente de la escuela, de la enseñanza y de las necesidades especiales de los niños. Más que diferente…
            Como buena directora tenía que enseñar a mis maestros, y como profesional, debía preparar el contexto. A la semana siguiente, un juego de fotocopias para cada docente acompañaba al Instructivo: “Repensar la enseñanza”. Lectura obligatoria para la próxima Jornada de Perfeccionamiento Docente. Y ¡les gustó!

***
             Habían pasado tres semanas, y Florcita jugaba con sus compañeros durante los recreos. Impecable, toda blancura, toda moños y perfume. Su mamá observaba desde lejos, siempre en su rol de maestra de cuarto grado. Su hija era una alumna de primer año a cargo de una compañera. Se respetaban los espacios y ambas : Flor y MS tenían independencia (según lo acordado en el ingreso). 
            Durante la hora de Educación Física, me entrevisto una vez más con Laura. Esta vez no pudo controlar su angustia… y la soltó junto al llanto:
-         No puedo, no sé qué hacer, ¿qué voy a hacer a fin de año cuándo no sepa leer y escribir como los otros chicos? ¿cómo la voy a evaluar? ¿cómo me va a evaluar Ud. si no aprende? Siento que no puedo hacer nada.
-         No te das cuenta todo lo que le estás dando. Le diste un lugar en la escuela, es una más de la clase.
-         Pero ella no trabaja en el cuaderno como el resto.
-         Ajá, y ¿qué hace?
-         Pasea por el salón, conversa con los chicos, les pregunta, les muestra sus cosas…
Explora… se relaciona con los demás…
-          ¿Y te parece poco? ¿Acaso ese aprendizaje no se llama “socialización”?
-          Pero…
-          Pero nada, lo estás haciendo muy bien. No tengas miedo, lo único que te pedí es que le permitas estar con los demás niños de su edad. Está aprendiendo a estar con ellos, en la escuela y  a su tiempo aprenderá otras cosas.

            A las cinco de la tarde, cada grupo salía acompañado por su maestra. Florcita con su mochila rosa caminaba en la fila con sus compañeros. Saludó con un beso dulce de caramelo  a su Seño, y fue en busca de su madre.

***
            Meses después, y por esas cosas de la carrera docente, dejé la escuela … había concursado para Inspectora y tomaba el cargo.
            Al tiempo, algunos compañeros, también Inspectores  me cuestionaron el ingreso de la niña a la escuela común:
-          “Es una Down, no pueden,  tienen un techo”.
-         Entonces estará en la escuela hasta que sepamos cuál es ese techo, Uds. ¿tienen la medida? ¿Saben hasta dónde puede llegar?

***
      María Florencia cursó en la escuela hasta 4to. año. Su madre nunca me dijo por qué  y a dónde la llevó. Algunas veces nos cruzamos en ocasionales reuniones.

***
      El año pasado, en uno de mis viajes de trabajo a Formosa, estando en el primer piso del Aeroparque, esperando para el embarque… “la veo” caminando erguida, camisola negra y melena carré. Pasos atrás venían sus padres… reconocí a su madre directora del distrito, ya jubilada. Junto a ellos, bien trajeado, venía su “representante artístico”, habían estrenado ese fin de semana la película “Anita”. Pasaron a mi lado presurosos… no podían perder el avión… era una artista.

M.M., 22 de noviembre de 2010.-

 
         Dedicado  
           a Sussete y a Francis,
madres, y compañeras docentes.




[1] TONUCCI, Francisco, “¿Enseñar o aprender?, Bs. As., REI, 1994.




No hay comentarios:

Publicar un comentario